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Villa La Paz, Colonia Piamontesa
1858 - 17 de Octubre - 2010
Cuna de la Colonización Agrícola

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 CAPITULO 8: PINCELADAS PACEÑAS

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PINCELADAS PACEÑAS
 

Mucho de historia y de leyenda se mezclan en los recuerdos de cada uno de nosotros, que aumentamos en grandeza y fantasía con el tiempo transcurrido y siempre los vemos mucho más mágicos de lo que realmente fueron. Aquí junto a notas periodísticas, extractos de libros se salpican esas anécdotas cotidianas que hacen la idiosincrasia de una comunidad, es decir su identidad. Muchas veces lógicamente  llevar al papel esas vivencias cotidianas les hace perder parte de su gracia, de esa propia vivencia y de las actitudes, vestimentas y gestos de sus protagonistas.

 

 

 

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8. 1

Vista desde afuera

 

Una interesante visión de la colonización valdense-piamontesa la hace Adolfo González y González en su libro “300 años de Colonia”. Al respecto dice: “Las inmigraciones que más han contribuido a dar al departamento ese aspecto de pequeña Europa que caracteriza a su zona rural fundamentalmente, fueron las alpinas, que llegaron en forma masiva y organizada. Nos referimos a la valdense, afincada en 1858, y a la suiza que la siguió tres años más tarde.

Los valdenses son de origen francés que, por razones religiosas emigraron a los valles del Piamonte, a mediados del siglo XII. Lo duro de la naturaleza hizo de ellos un pueblo sumamente trabajador y ahorrativo. Sus prácticas religiosas le dieron unidad, cohesionada aun más por las persecuciones de que fueron objeto durante más de seis siglos...Tanto Argentina como Uruguay tenían urgente necesidad de población y trataron de fomentar su llegada de países europeos...Con asombro comprobaron los inmigrantes que el país(Uruguay) no tenía montañas, que no caía nieve, que los vacunos eran sumamente baratos y que cualquiera podía adquirirlos(en los valles quien tuviera tres vacas era un potentado) y que la leña era gratuita. Claro está que en su ancestral amor al trabajo, el encuentro con una naturaleza pródiga les hizo progresar rápidamente dedicándose a la plantación de trigo y maíz, complementando su actividad con ganadería lechera para el consumo familiar, cría de animales domésticos y plantación de huertas y árboles frutales; actividades éstas desconocidas en la zona. Ya no fue el rancho criollo solitario el índice de la presencia humana sino la casa de material, con jardín al frente y quinta al fondo, lo que se ofreció a la vista del viajero. Muy pronto  el eucalipto abrigaría la casa de los fríos del invierno. La dureza del clima de su país le obligó a ser politécnico  y ahorrativo, a fabricar su propio zueco, a no adquirir otra cosa que la que no pudiera hacer por sí mismo, a conservar alimentos, etc. y en su  nuevo país continuó con sus prácticas, que felizmente fueron imitadas por sus vecinos criollos, aunque no en la proporción que hubiera sido deseable, en un principio.

La presencia de la familia, así como su carácter pacífico hizo que nuestro criollo no lo recibiera con la desconfianza con que siempre miró al gringo.

La práctica activa de su religión, les obligó a la reunión dominical del culto, oportunidad que se aprovechaba para tratar todos los asuntos referentes a la comunidad. La enseñanza escolar fue desde la fundación de la secta un problema de orden moral, ya que uno de los puntos de disidencia con la Iglesia romana era el de que cada individuo debe interpretar por sí mismo la lectura de la Biblia. Resultado: no hubo valdenses analfabetos...Son los primeros en usar una segadora norteamericana, cuyo rendimiento superaba a la inglesa. Pues bien, a esa segadora un inmigrante de apellido Bounous de profesión carpintero la mejoró con el invento del aparato que permitía atar la mies, invento que provocó una verdadera revolución mundial del cultivo de cereales. Un modelo del aparato en cuestión se conserva en el Museo Valdense de la villa del mismo nombre... 

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8. 2

Los primeros difíciles días

 

La circunstancia de querer llegar lo antes posible a las tierras donde alcanzarían la prosperidad anhelada o al menos un tranquilo pasar sin las persecuciones sufridas en la Florida debido a sus creencias religiosas, hizo que gran parte de los colonos adelantaran el viaje. Un viaje de por sí difícil dado lo inusual de aquella primavera excepcionalmente lluviosa y fría y el engorroso traslado de las herramientas de labranza, muebles, enseres y útiles en general, así como de los cereales ya cosechados. Razonable adelanto que originará sin embargo enormes complicaciones, pues la Sociedad aun carecía de los medios necesarios para recibirlos, no contándose siquiera con la ayuda del tiempo, cada vez más inclemente.

Bartolomé Griot describe en sus memorias unas palabras que muchas veces hemos leído, como lo han hecho la mayoría de los valdenses, en muchos casos para decirles a nuestros hijos cuando se quejan de las comodidades que tienen hoy comparando lo que tuvieron que pasar nuestros antepasados.

Vamos pues con Griot: “Llegamos a nuestro destino en Rincón del Rey donde nos encontramos en un vasto desierto de 14 leguas cuadradas. En esta inmensa extensión no había sino dos habitantes: Alejandro Malcomb, inglés, cerca del Puerto del Rosario y Tomás Vila, más arriba del paso de las Tranqueras..., a cuatro leguas de distancia uno de otro. En el campo pacían una multitud de ganado y caballos salvajes. Nos hallamos en medio de arbustos llamados chilcas, más altos que un caballo, sin abrigo, desprovistos de todo y en la imposibilidad de comunicarnos con el pueblito de Rosario, debido a la creciente de los arroyos. Llovía casi todos los días y no podíamos trabajar. No había leña para encender el fuego y cocer nuestros alimentos; un poco de harina hervida con agua, sin sal ni grasa la mayor parte de las veces. Cuando estaba casi pronta la comida para apaciguar las exigencias del estómago, un aguacero repentino llenaba la olla de agua y apagaba el fuego y lo echaba todo a perder. Había que empezar de nuevo y muchas veces se almorzaba y se cenaba al mismo tiempo. Para buscar leña en el monte había que entrar en el agua hasta la cintura, con gran riesgo de caer en algún barranco. Felizmente no ocurrieron desgracias. La noche se pasaba debajo de las carretas, abrigándose del pampero, con colchas o sábanas, a guisa de carpas que el agua calaba con suma facilidad.

Nuestra situación no era por cierto halagüeña, sino, al contrario, muy precaria y digna de compasión.Las criaturas empapadas, tiritando de frío , lloraban y se quejaban de continuo. El corazón se partía al ver tanto sufrimiento. Dios quiso hacernos pasar por el crisol de la prueba. Debíamos resignarnos con nuestra suerte y además, ¿a quién quejarnos? Nadie nos había obligado a emigrar; lo habíamos querido espontáneamente. Después nuestra situación fue transformándose  poco a poco. El tiempo se serenó, pudimos cortar madera en el monte y paja en los pajonales y construir nuestros ranchos. Con que fruición tomamos posesión del primer rancho concluido. Ya podíamos afrontar las inclemencias del tiempo y celebrar con más comodidad nuestro culto dominical”.

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8. 3

El prestigio de Griot

 

Un episodio acontecido el 22 de agosto de 1876, habla por sí sólo del prestigio alcanzado por Juan Bartolomé Griot no sólo entre los colonos valdenses-piamonteses sino también entre los suizos.

Un piquete militar se presentó en su casa de la Azotea con orden de llevarlo atado a la capital departamental bajo la acusación de haber ayudado con víveres y caballos a los opositores del dictador Latorre. Una columna de cuatrocientos colonos encabezados por cincuenta suizos dirigidos por Federico Fisher, se encaminó a Colonia a reclamar al comandante Desiderio Cuevas, la inmediata libertad de Griot; la que fue rápidamente concedida. Ello no impidió sin embargo que el inculpado presentara una dura protesta al gobierno nacional a través del Consulado Italiano.

Hombre de gran coraje y generosidad , en otra oportunidad en que su vecino de enfrente el Coronel Juan Medina, iba a ser detenido por fuerzas del gobierno, no dudó en ofrecerle protección ocultándolo en un escondrijo debajo de una escalera de su casa, de modo tal que no fue descubierto pese a la inspección realizada por las autoridades.

 

 

 

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8. 4

Anecdotario popular

 

Llevar al papel hechos cotidianos conlleva la pérdida de muchos de sus atractivos, como ya lo decíamos: los gestos y vestimentas de sus protagonistas, la forma de decirlo, su entorno y muchas veces el conocimiento de las personas protagonistas de estas anécdotas.

Fuera de su ambiente, de no haberlas muchas de ellas vivido, se hace difícil narrarlas y para los que no los conocieron a esos personajes muchas veces pierden parte de su gracia. Salvando estos condicionamientos nos metemos en la leyenda, más fantástica que real  del pasado paceño.

 

Bebidas extranjeras

Se cuenta que en la agencia O.N.D.A. de La Paz cierto día entre tantos turnos que pasaban de esta compañía que fue por muchos años la más importante del país, se bajó un montevideano desesperado por ir al baño.

Imaginemos los viajes de la época con ómnibus que desarrollaban poca velocidad, asientos poco cómodos, lógicamente sin baños en viajes que se hacían interminables. Todavía hay gente que recuerda una especie de piscina de poca profundidad para que pasaran los ómnibus para enfriar los neumáticos. Eran otras épocas. Cuando no había televisión y el diario llegaba dos o tres días después en el tren.

El hombre desesperado por hacer sus “necesidades fisiológicas” se baja primero que ninguno del coche y rápidamente con esa forma larga de hablar de los montevideanos-no tan larga como la del porteño-pero mayor que la nuestra le dice al bolichero:

- Jefe, un water por favor.

El dueño de la onda con la tranquilidad pueblerina habitual mira la estantería y muy pancho le dice:

- disculpe, pero bebidas extranjeras no vendemos.

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8. 5

Otra vez en la playa

 

Cuentan que en cierta ocasión un personaje muy conocido-que aún vive-y que le gustaba mucho doblar el codo lo trajo ya bastante “adobadito” de la zona de la playa a una de las clásicas timbas del Centro Social.

Siguieron chupando lógicamente, como para mantenerlo vio, no sea cosa que se refrescara. Resulta que luego de algún juego de cartas y unas cuantas copas sale del Centro Social y con tal mala suerte que se cae en un montón de arena que unos días atrás habían dejado frente al club para una reforma. La reacción de nuestro amigo fue típica de ese humor de los “mamaos”. Luego de unas cuantas malas palabras dice:

-no puede ser che, otra vez en la playa.

 

Y que revienten de llenos

Se cuenta que cierto conocido granjero había traído dos chiquilines del Consejo del Niño (como se llamaba antes el I.N.A.ME.) para criarlos y de paso que les fueran ayudando en las tareas campesinas.

Dicen que todas las noches el hombre no muy desprendido, le daba un huevo frito a cada uno y los mandaba a acostar. La señora un poco más abierta quería convencer a su marido que los chiquilines se acostaban con hambre.

Así pasaban los días y la mujer seguía insistiendo sobre la escasez de la cena. Al final después de un tiempo prudencial parece que el hombre se dejó convencer por la mujer o se le abrió el corazón(o la billetera que también la tenía bien cerrada) y tras una nueva insistencia de su señora que el huevo frito que le daba a cada uno de los chiquilines era insuficiente para la cena, el hombre en un gesto de desprendimiento le dice a la señora:

- bueno, dale medio huevo frito más a cada uno y que revienten de llenos.

 

El agua de la cañada

Nos contaba un apreciado vecino de la Villa que cuenta estas anécdotas con una gracia sin igual, que en la época previa a las elecciones se salía a las famosas “pegatinas” con los candidatos de cada uno. Ya se sabía quienes salían por los colorados, quienes por los blancos y quienes por la izquierda.

En un pueblo chico todos están identificados.

Era la época del engrudo pero también del respeto, la cachada tal vez, pero con un único ánimo de divertirse, lo que llamamos la broma sana.

Había mucho respeto, nadie pegaba un cartel encima de otro; trataban sí de ganar los mejores lugares en cada columna y con escalera, el balde con el engrudo y la brocha se salía a recorrer las calles de la villa.

Cierto día un conspicuo dirigente llevaba como acompañante a un chiquilín que hacía las primeras armas en esto de la política.

Se metieron por Artigas al fondo, allá por La Canterilla y parece que al hombre el engrudo le había quedado un poco espeso. Por lo tanto le pide al chiquilín que baje a la cañada recoja un poco de agua y se la agregue al engrudo para ablandarlo.

Lo cierto es que el muchacho en tremenda oscuridad le entró miedo, pero tampoco quería defraudar al caudillo en su primera salida, por lo tanto se le ocurre que en vez de bajar a la cañada a buscar agua, daba menos miedo orinar adentro del balde.

Cuando retorna, el caudillo mete la mano para revolver y le dice:

- che que está calientita el agua de la cañada ¡

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8. 6

Otro de política

 

Dicen que para hacer enojar a un destacado dirigente (caudillo local) los muchachos de la barra contraria se habían propuesto pegarle un cartel del otro partido en su propia casa. Hecha la planificación salen para dicha casa. Uno de los cachadores sube al techo por una escalera que habían puesto sus compañeros y ya estaba dispuesto a pegar un cartel del candidato adversario, cuando aparentemente por sentir ruidos, sale a la calle el dueño de casa. Los compañeros huyen con escalera y todo y dejan a su compañero en el techo de su rival político sin posibilidades de poder bajarse.

Algún día le vamos a preguntar como se bajó, porque a cada rato lo cruzamos por las calles de la villa.

 

Oremos o comemos

Se dice que un personaje muy conocido de nuestra zona fue cierto día a trabajar a la casa de una tradicional familia piamontesa.

Esta familia como muchas de nuestra zona acostumbraba a orar antes de comenzar a comer.

Ya sentados en la mesa los del núcleo familiar más nuestro protagonista, el jefe de familia dice: oremos.

Este hombre parece que agarró los cubiertos y se iba a prender a una exquisita milanesa que lucía muy sabrosa, además nuestro protagonista no era de comer muy seguido.

Viendo la actitud del invitado, el dueño de casa tose fuerte y dice: dije oremos.

El invitado contesta: ah yo entendí comemos.

 

El dueño de la comisaría

Cierto domingo, imaginemos domingo en pueblo chico es símbolo de quietud, algunos de los funcionarios policiales se fueron al fútbol, pero como eran tan pocos y el partido podía ser complicado fueron todos.

El único que quedó fue un borracho que vivía más preso que suelto, no porque hiciera daño sino simplemente para que no anduviera tirado por las cunetas. Esto era cosa normal. El preso no se iba a ir y los “milicos” se iban tranquilos. Pero nunca falta el diablo para meter la cola como se dice y resulta que uno de esos tantos domingos que el preso era el rey de la comisaría llega un forastero, ingresa y como al único que ve es a nuestro amigo le pregunta: - usted es el comisario.

- No señor -dice nuestro amigo.

- Usted es cabo o sargento. Vuelve a preguntar el forastero.

- No señor- vuelve a decir nuestro amigo.

Ya medio confundido le dice:

- ah, usted es agente de primera o segunda.

- Ni de primera, ni de segunda-dice nuestro protagonista.

Ya nervioso el forastero grita:

- pero y quién es usted.

- soy un preso, soy, que voy a ser.

 

Estos son algunas de tantas anécdotas que han jalonado la vida social de la comunidad. Son una mínima cantidad de tantas y tantas que muchos han vivido, pero como dice el refrán: para muestra basta un botón, los demás a la camisa.

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8. 7

Canciones y poesías

 

También la villa ha tenido a lo largo del tiempo personas que le han dedicado alguna canción o poesía.

Como homenaje a todos ellos les ofrecemos dos canciones y dos poesías.

 

La Piamontesa

Esta conocida canción es una marcha, tiene letra de Juan Ernesto Klett y música de Héctor Pablo Bonjour en colaboración con Santiago Ahellen.

 

Heroicos Valdenses que Italia los viera partir

que dejaron con pena su tierra natal

juraron firmes resueltos triunfar o morir

y ese triunfo es un pueblo inmortal.

 

Colono grande de pecho curtido

de manos callosas valor sin igual

les ofrendamos un canto nutrido de fe

de esperanza y amor filial.

 

Oíd la voz de esta canción

y llena de amor

es la más grata ocasión

para cantarla con fervor(bis)

 

Canción a La Paz (C.P.)

Más moderna pero no menos hermosa es esta canción con letra de Belkis Tourn y música de Edgardo Nieves.

 

Coloniense paisaje pastoril, donde las lomas

se prolongan en llanura hacia el río,

recibiste en promisorias primaveras,

a los Valdenses ; emprendiendo valeroso desafío.

Levantaron sus ranchos y abrieron surcos

deseosos de encontrar en la tierra solaz,

las metas que indicaban los anhelos,

de Concordia y Paz.

Tus cercos de cina-cinas y madreselvas,

continúan aromando tus apacibles mañanas,

y en días de fiesta, repiques de campanas,

evocan del ayer, las alboradas patrias.

 

Flameando en sus astas las banderas,

como alas de venturosas palomas,

en consecuentes jornadas de orientalidad. (bis)

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8. 8

Pueblo con historia

 

En este humilde poema he querido testimoniar el reconocimiento a tantos que en una eterna posta nos fueron dejando esa antorcha que los paceños de hoy debemos elevar muy alto, no sólo los 17 de octubre sino cada día para marcar la defensa de una identidad luchando muy firmemente como lo dice Rubén Rada : que no haya sólo un libro con el mismo cuento.

 

La sombra de tu plaza

tus antiguas y bellas casas

la concordia de tu puerto

y un sueño de paz que no ha muerto.

 

Las palomas de tu escuela;

la iglesia mira y se desvela:

son promesas de volver

tras un tibio atardecer.

 

Un puente que es historia

un río que carga memoria

el molino y la fábrica de aguardiente

las glicinas y los sauces en la corriente.

 

Ya Leroy dejó su pluma

han pasado varias lunas;

los muchachos de Alma y Vida

hacen “ruido” allí en la esquina.

 

Cuando llega el 17 de octubre

no hay límite de edad:

las antorchas todo cubren

y marcan nuestra identidad.

 

Carnavales traen recuerdos

y la fiesta del reencuentro,

mate, biscochos y bochas

en las tardecitas del Centro.

 

¿Quién tomará de Doroteo la bandera

y la lucha de Morel?

¿ Quién dejara como él

por La Paz su alma entera?

 

Bella Villa de La Paz

pueblo con historia

 y esos hombres de leyenda

que no olvida mi memoria.

 

La identidad es nuestra lucha,

 en el olvido muchas veces hemos quedado,

 a veces parecía este pueblo borrado

pero los sueños no mueren...

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8. 9

Un grande: Leroy Soler

 

 Decíamos en  Prensa Rosarina el 7 de junio de 2003 cuando se nos iba el gran poeta y amigo... “En cada verso de sus poemas, en cada esquina de su pueblo, en cada uno de los que lo conocimos seguirá vivo el recuerdo de un hombre que supo ganarse la simpatía y la admiración...Nunca habrá alguien que pueda describir los personajes cotidianos con esa agudeza y fino humor como lo hizo él. En su pluma desfiló el arte de la vida cotidiana, el sano humor, las peripecias de un pueblo, anécdotas pintadas con un sabor especial, no exentas de romanticismo y un amor intenso por su lugar.”.

Aunque se hace difícil elegir una de sus pequeñas joyitas, todas tienen su encanto, a mí personalmente, la última de sus composiciones realizada en marzo de 1989 y titulada “Añoranzas” es una espectacular pincelada del La Paz de la primera mitad del siglo 20. Un hermoso retrato de pueblo en el pincel mágico de Leroy, es una nostálgica inspiración estilo Fellini con raíces italo-francesas, en las que muchas veces los latinos le queremos buscar explicación a una vida que se  va tan rápido y que sólo nos deja colgados recuerdos muchas veces más tristes que alegres, aunque al final rescatamos los valores esenciales de la vida, muchas veces los más sencillos, pero que son al final por los cuales vale la pena vivir...

 

Ya no llegan los barcos a tu puerto

quizás han puesto proa a un varadero

en tus aguas flotan solos los recuerdos

y en tu grúa hacen nido los horneros.

 

El taller del herrero está en silencio

ha cansado su brazo don Alfredo

en su yunque ya no hay ruidos estridentes

y en su fragua ya no hay brasas, ya no hay fuego.

 

No van más a ver los pingos de Luciano

ni el Chiche, ni Cañón, ni Pocoveo

se han ido cabalgando a las estrellas

por una larga senda de vareo.

 

Don David Olivet clavó su aguja

en la dorada almohadilla de franela,

y olvidó en un estante, hoy polvoriento,

los muestrarios, su dedal y su tijera.

 

Hoy no hay más californias en los talas,

ni boliche, ni apuestas, ni empanadas

la cieguita Fiermarín cesó su canto

y se marchó abrazada a su guitarra.

 

Dos almacenes de ramos generales

se hacían leal y franca competencia

los Jourdan y los Plavan los dirigían

y no había entre ellos diferencias.

 

El biógrafo de Pancho ya no existe

en la blanca pantalla ha puesto “FIN”

añoramos las cintas de Carlitos,

de Tripitas, del pecoso y de Tom Mix.

 

Hubo una plaza en dos partes dividida

de un  lado los deportes más variados

y del otro y en las noches estivales

solamente para los enamorados.

 

Jaimet y Ma-chí-chí ya no caminan

por las calles de tierra sin cunetas,

los carros y volantas no transitan

dejando sobre el barro hondas huellas.

 

Apagó su pipa Don Colacho

con sus manos temblorosas, ya sin tino

y sentado en su taller, sin una queja,

sorbo a  sorbo se bebió su último vino.

 

Son las mismas las campanas de tu templo

sus tañidos hoy no suenan diferente

y aunque La Paz hoy te muestras más coqueta

son iguales tus costumbres y tu gente.

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8. 10
AGRADECIMIENTOS
 

El “MOVIMIENTO LAPACEÑO” desea agradecer a Prensa Rosarina la amabilidad de haber permitido publicar este trabajo en capítulos titulado “La Colonia Piamontesa de La Paz”.

FUENTES:

Textos y opiniones de Edgardo Malan.

Aportes de personas del pueblo.

Amedeo Molnar: Storia dei Valdesi 1

Augusto Armand Hugon: Storia dei Valdesi 2

Verdivalli: Le Valli Valdesi

Teófilo Pons: Vita Montanara e Folklore nelle Valli Valdesi

Ernesto Tron: Historia de las Colonias Valdenses Sudamericanas.

Roger Geymonat: El Templo y la Escuela.

Giorgio Tourn: Los Valdenses (3 tomos).

Ernesto Tron: Historia de los Valdenses.

Luis Jourdan: Historia de los Valdenses.

Nâif Tourn: I Valdesi in América.

Barcon Olesa: Monografía de la Región del Colla.

Edgardo Malan: 130 años de la Colonia Valdense.

Edgardo Malan: Las Familias Valdenses.

Ernesto Tron: Historia de la Iglesia de Colonia Valdense.

Revista: La Colonia Valdense en su Centenario.

Revista: 110 años de labor Valdense.

Enciclopedia Encarta Microsoft.

Censo Nacional de 1996.

Leroy Soler: Amargueando bajo la mora.

Ediciones del Periódico Vanguardia.

Ediciones del Periódico Sur.

Ediciones del Periódico Helvecia.

Lalive D`Epinay: Tradición y cambio en una comunidad rural.

P.Lantaret: Los Valdenses en el Uruguay.

Bosquejo de la Comisión del Patrimonio de Villa La Paz.

Bosquejo del Folleto Informativo del Movimiento Lapaceño.

Correspondencia de los colonos de distintas épocas.

Algunos otros autores son tomados  de libros aquí mencionados.

 

Gracias a mis compañeros del Movimiento Lapaceño por su comprensión.

                                                                 EDGARDO MALAN.

 

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